miércoles, 14 de septiembre de 2016

Acción, emoción y pensamiento positivo



El otro día una amiga me presentó a su pareja diciéndole "esta es la chica que te conté que da clases de pensamiento positivo". Sigue chocándome algo por dentro cuando oigo “pensamiento positivo” o “hay que pensar en positivo”. A este encuentro con mi amiga, debo añadir que me pasé parte de las vacaciones escuchando en la radio una emisora que decía ser la radio del pensamiento positivo. Curiosamente la música que emitían era de lo más melancólica, tipo “El gato que está Triste y Azul” de Roberto Carlos. Para muestra, un botón.

A lo que voy. Evidentemente está bien eso de pensar en positivo, pero mantengo y mantendré, que no sirve de nada decirte mientras estás sentado en el sofá de casa en plan melancólico escuchando a Roberto Carlos (con todos mis respetos), “estoy bien, voy a salir de esta”. Esto que nos decimos debe ir acompañado de una acción, hay que levantarse y acompañar ese pensamiento positivo mediante la acción. Y poco a poco, iremos encontrando cosas que nos hagan sentir mejor, tendremos esas emociones positivas que tan buenas son, que amplían nuestros recursos cognitivos y sociales, entre otros.

La actitud positiva no es una manera inocente de hacer frente a la vida. Es una predisposición a actuar de manera que ante los diferentes escenarios que se nos presentan, busquemos soluciones, propongamos cambios y hagamos aquello que creamos necesario sintiendo que nos va a ir bien. Esta actitud positiva no es sólo pensamiento positivo sino también acción y emoción positiva.

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