martes, 25 de junio de 2013

Escribiendo uno se entiende



“Concéntrate un instante en los beneficios o 
“regalos” que has obtenido en tu vida.
 Tómate un momento para saborearlos,
 piensa en su valor, y luego, escríbelos”.
 Dr. Robert A. Emmons

 A lo largo del tiempo he leído en no pocas ocasiones la importancia de escribir. Los beneficios son varios: aclara ideas, resuelve asuntos que interfieren en nuestro día a día, ayuda a organizarte…

Escribiendo un diario, uno se da cuenta que es una forma de relativizar los problemas o de ser más consciente de las alegrías. La memoria es un espacio reducido, por lo que escribiendo sobre tu vida podrás volver a recuperar en el momento que quieras aquella sensación que viviste en ese día tan feliz.

Al contrario, escribiendo lo que te preocupa lo sacas de tu mente, dejando espacio para que tu cerebro trabaje en la solución o encuentre otras perspectivas para afrontar el asunto. En gestión del tiempo también se aplica: saca de tu mente los recordatorios, las citas, reuniones, llamadas pendientes, etc. Apúntalas en un papel para que tus neuronas hagan el trabajo que han de hacer: pensar y crear. Llevado esto al extremo que permite la ficción, en un episodio de Sherlock Holmes, el Dr. Watson le comentó que la tierra era redonda. El detective, que desconocía por completo esa información, se molestó por recibirla mientras que su compañero quedaba atónito no sólo por la ignorancia sino también por la falta de interés ante la revelación. Sherlock le dijo algo así como: “es información irrelevante que me ocupa espacio para pensar. Ahora tendré que volver a borrarla”. No es necesario ser tan exagerados, simplemente llevando una lista de tareas, el no tener que recordar constantemente qué tenemos que hacer, hace que seamos más productivos.


Escribir ayuda a recuperar la propia vida, a dotarla de significado. A frenar el ritmo exigente de lo exterior para centrarnos en nuestro interior y ser más conscientes de nosotros mismos y recordar qué es aquello que nos hace vibrar, aquello que nos mueve.

Cuando las personas escriben sobre sus objetivos, describiendo cómo se sienten consiguiéndolo, dónde están y qué han conseguido, el estado de ánimo mejora. No sólo eso, sino que además nuestro cerebro se pone a trabajar para alcanzar esas metas.

¿Sientes desánimo? Hazte con un diario de a bordo, coge una libreta y escribe. Pruébalo durante quince días. Elige un lugar y un momento en los que estés tranquilo y escribe durante quince minutos como mínimo. Describe cuál ha sido el mejor momento del día para ti, qué capacidades has utilizado para conseguirlo y cuál ha sido tu actitud. Conectar con ese momento te ayudará a quererte y a darte cuenta del valor que hay en ti.

Escribe lo que quieras, tus problemas, tus objetivos o tus momentos felices. Reléelo cada quince días. Descubrirás qué conductas te hacen sentir mejor, serás más consciente de tu objetivo y te moverás para alcanzarlo, potenciarás lo mejor de ti mismo.

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