miércoles, 20 de febrero de 2013

decisiones



Una de las cosas de las que no te puedes librar en esta vida es la de tomar decisiones. Incluso cuando no tomamos ninguna decisión nos vemos afectados por las consecuencias de no actuar: seguir como estás viviendo esa situación que te irrita, sintiendo que te invade un resentimiento a saber hacia qué o hacia quién… o cuando la realidad te adormece, asumiendo el paso de los días con abrumadora indiferencia.

Decidir no es tarea sencilla. Sobre todo cuando implica cambios importantes en la vida. Quizá se trate de un cambio de profesión o de tener un hijo. Me refiero a esa decisión que una vez tomada pondrá tu vida patas arriba y entras en lo desconocido… ¿qué pasará cuando dé el paso? Antes de tomar la decisión, le das mil vueltas, luchas incluso contra la necesidad que sientes de cambiar… y todo eso consume tanta energía… Pero llega el momento en que el desequilibrio interior que produce dejar las cosas como están, agota aún más que el impulso positivo de dar el paso hacia el cambio.

Cuando la situación produce más dolor que satisfacción, toma la decisión de cambiar. Puede que resulte difícil, tal vez por la inercia de la costumbre de estar en ese lugar, en ese trabajo o en esa relación. Quizá te resulte más fácil seguir en la zona de confort a pesar de los efectos negativos en el equilibrio mental y emocional derivados de mantenerse igual.



Cuando sientes que ese desequilibrio no compensa, cuando siente la necesidad de recuperar el interés, el entusiasmo, la ilusión, la esperanza, la pasión… entonces haz algo y cambia. 
¡Ten el coraje de cambiar!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Hola! Gracias por dejar tu comentario